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Rural Health

Cómo un hospital rural rompió las barreras lingüísticas para ofrecer vacunas a los inmigrantes

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Carter Barrett
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Ana De Gante, directora de inglés como segundo idioma (English as a Second Language, ESL) de las escuelas de la comunidad de Seymour, apoya lo que dice es un número creciente de estudiantes internacionales en la escuela secundaria.

Read the story in Chuj here.

Read the story in English here.

En los días previos a la apertura de la clínica de vacunación contra la COVID-19 de su hospital, la administradora, Bethany Daugherty supervisó cuidadosamente las preinscripciones. Las cifras eran bajas: solo unas 30 personas se inscribieron para recibir la vacuna.

“Pensé: bueno, 30 es mejor que cero'", dijo Daugherty, especialista en educación para la salud y el bienestar en el centro médico Schneck de la ciudad de Seymour, al sur de Indiana.

Las clínicas de vacunación del verano pasado estaban dirigidas al creciente número de inmigrantes de América Central en Seymour, Indiana, que incluye a los indígenas mayas de Guatemala.

Casi al comienzo de la pandemia, Daugherty encabezó los esfuerzos de su hospital por relacionarse con la creciente comunidad hispana de la ciudad. Se puso en contacto con la escuela local, las iglesias y las organizaciones sin ánimo de lucro. Junto con los líderes de la comunidad, ayudó a poner en marcha un grupo de trabajo sobre la COVID-19 en 2020, inicialmente destinado a distribuir información sobre la COVID.

Cuando la vacuna contra la COVID-19 comenzó a distribuirse al año siguiente, ya se habían establecido las conexiones necesarias para darla a conocer. El grupo trabajó para garantizar la disponibilidad de intérpretes en las clínicas. Se organizaron dos clínicas en una iglesia católica local que ofrece servicios en español. Otras dos fueron acogidas por otra iglesia local que atiende a la comunidad chuj.

Daugherty dijo que expresó su preocupación a otros miembros del grupo de trabajo por el bajo número de inscripciones, quienes la tranquilizaron diciendo: "Bethany, no te preocupes, no te preocupes, esto pasará. Traerán a sus amigos y a su familia." Y lo hicieron.

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Bethany Daugherty, especialista en educación para la salud y el bienestar en el centro médico Schneck de Seymour, Indiana, ayudó a lanzar el grupo de trabajo de salud de habla hispana a principios de 2020.

Muchos pueblos rurales de los EE. UU., como Seymour, experimentaron una afluencia de inmigrantes en la última década. Ahora, las comunidades y los sistemas médicos que carecen de experiencia en el apoyo a personas que hablan idiomas distintos del inglés se están ajustando.. Y, cada vez más, el apoyo debía ir más allá del español e incluir idiomas poco hablados, como la lengua indígena maya, el chuj, hablada por algunos residentes de Seymour que emigraron de Guatemala.

Por ello, se necesitó algo de creatividad (y la ayuda de un puñado de estudiantes de secundaria trilingües de Seymour) para asegurarse que esos residentes tuvieran acceso a la información en su idioma en la clínica de vacunación.

Brindar información a través de fuentes fiables

En los primeros días de la pandemia, Daugherty dijo que los administradores del hospital sabían que necesitaban encontrar una forma de compartir información crítica con las comunidades hispana y chuj de Seymour; especialmente porque los datos internos mostraban que las infecciones y las hospitalizaciones afectaban desproporcionadamente a los pacientes hispanos.

Cuando el grupo de trabajo de salud de habla hispana de la ciudad se puso en marcha inicialmente utilizaron WhatsApp, folletos en papel y mensajes de vídeo para compartir información sobre la COVID-19.

La información fiable ofrecida por el hospital y las autoridades de la salud "tiene más peso cuando proviene de un familiar o un amigo cercano en quien se confía", dijo Daugherty.

Ana De Gante, directora de inglés como segundo idioma de las escuelas comunitarias de Seymour, se unió al grupo de trabajo desde el principio. Dijo que apreciaba que los dirigentes del hospital estuvieran abiertos a recibir comentarios sobre su enfoque y estuvieran dispuestos a comprender las necesidades de la población inmigrante de Seymour.

"Creo que fue muy importante que estuvieran abiertos a escuchar las necesidades de la comunidad hispana", dijo De Gante.

Iveth Vasquez ha vivido en Seymour durante más de 20 años y también forma parte del grupo de trabajo de salud de habla hispana. En Honduras es doctora licenciada, pero no puede ejercer en los EE. UU. Aun así, Vasquez es una fuente de confianza para la gente de la comunidad.

Uno de los mayores retos de la divulgación relacionada con la COVID, dijo, es abordar la desinformación que la gente encuentra en las redes sociales sobre la vacuna.

"YouTube es horrible", dijo Vasquez. "Es bueno, pero a veces [hay] mucha desinformación. Creo que cuando se educa a las personas de forma correcta, están más abiertas a aceptar la vacunación."

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Seymour, Indiana, es el lugar de nacimiento del músico John J. Mellencamp. En el costado lateral de una tienda de música del centro hay pintado un mural, realizado en 2019.

Una ciudad en crecimiento se enfrenta a nuevos retos

Seymour, Indiana, tiene una población de unos 22,000 habitantes. Una vía férrea divide el centro de la ciudad, y se puede encontrar una iglesia cada pocas manzanas. En un edificio del centro, hay un mural del cantante John Mellencamp, que es de Seymour. En cierto modo, parece una ciudad estadounidense clásica, cuyo apogeo llegó y pasó.

En otros aspectos, Seymour representa la evolución de algunas partes del medio oeste rural: tiendas de comestibles, restaurantes y otros servicios hispanos están repartidos por toda la ciudad. Los datos del censo de los EE. UU. no ofrecen cifras específicas sobre la inmigración a nivel de país, pero De Gante, la directora local de ESL, dice que la ciudad ha visto una afluencia de personas de habla chuj que vienen de Guatemala en los últimos años.

Se estima que 90,000 personas hablan la lengua maya en Guatemala. No hay datos sobre el número de personas que hablan chuj en los EE. UU.

En la última década, los condados metropolitanos de Indiana experimentaron un crecimiento de población, mientras que en las áreas rurales, en general, se redujo. En el último censo, algo más de la mitad de los 92 condados de Indiana experimentaron un descenso de población entre 2010 y 2020. Pero el condado de Jackson, donde se encuentra Seymour, creció.

Los individuos hispanos representan la mayor parte del crecimiento. Ahora, aproximadamente 1 de cada 4 de los residentes de Seymour se identifican como hispanos o latinos, lo que supone un aumento de alrededor 12 % en 2010. En una zona censal al sur del centro de la ciudad, la mitad de los residentes se identifican como hispanos o latinos.

Esta tendencia se reproduce en todos los Estados Unidos. Un estudio de 2020 encontró que los hispanos representaron alrededor del 9 por ciento del crecimiento no metropolitano en 2017, frente al 5 por ciento en 2000.

En Seymour, casi el 14% de las personas habla un idioma distinto al inglés en casa, y el 9% nació en el extranjero.

El aumento de la población inmigrante puede suponer nuevos retos, especialmente durante una pandemia cuando las barreras a la atención médica incluyen el idioma y la desconfianza en el gobierno y las instituciones médicas.

Unirse para cubrir las carencias de los servicios

Cuando el grupo de trabajo empezó a planificar las clínicas de vacunación del verano pasado, el hospital estaba preparado para suministrar de cinco a ocho intérpretes en cada evento. Pero Daugherty dijo que sabían que los servicios de traducción de Chuj iban a ser un reto. En ese momento, solo había una persona que hablaba chuj en la comunidad médica del condado de Jackson.

"Pensamos que un solo traductor probablemente no va a poder hacerlo todo, a menos que queramos que [esa persona] esté allí todo el día", dijo Daugherty.

Como solución, De Gante recurrió a sus estudiantes trilingües que hablan inglés, español y chuj y les pidió que se ofrecieran como traductores en la clínica de vacunación. Los estudiantes que aceptaron ayudar recibieron cierta formación en traducción de terminología médica.

"Se sienten muy bien al poder ayudar", dijo De Gante. "Creo que se sienten orgullosos, sienten que pueden ser un gran recurso para la comunidad".

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Miranda Keith Mateo Sebastian está en el último año de la escuela secundaria de Seymour. Habla inglés, español y una lengua indígena maya, el chuj, y ayudó a interpretar en las clínicas locales de vacunación contra la COVID-19.

Una de las estudiantes, que cursa último año de secundaria, Miranda Keith Mateo Sebastian habla tanto chuj como español. Su madre y sus tres hermanos se trasladaron a Seymour desde Guatemala.

"Fue una gran oportunidad porque me motivó a seguir ayudando a la gente y mejorar mi inglés", dijo Sebastian.

Pero algunos críticos afirman que no se debería pedir a los hijos de inmigrantes que traduzcan información médica para sus familias o comunidades, argumentando que esta práctica supone una carga excesiva para estos niños e invade la privacidad de los adultos.

"Hay muchas conversaciones en torno a los hijos de inmigrantes... que tienen esta dinámica realmente interesante en la que de repente se convierten en el intérprete, ¿verdad? Esto puede ser un reto, puede tener un impacto en las familias", dijo Yamilé Molina investigadora de disparidades en materia de salud de la Universidad de Illinois en Chicago.

Pero es una cuestión con matices, dijo Molina. Y lo perfecto no debe ser enemigo de lo bueno.

Las mejores prácticas para llegar a las comunidades minoritarias incluyen esfuerzos como los que se están haciendo en Seymour, dijo Molina. Y si los estudiantes de secundaria están dispuestos a participar y tienen personas que los supervisen, podría ser mutuamente beneficioso para ellos participar en la difusión de la vacunación contra la COVID.

"Los estudiantes no son monolíticos", dijo. "Así que creo que se trata de no asumir que hay un único camino para atraer a los estudiantes y a los jóvenes."

Al planificar las clínicas de vacunación, Daugherty dijo que el grupo de trabajo consideró los pros y los contras de involucrar a estudiantes de secundaria como intérpretes. Los riesgos potenciales incluían la posibilidad de exposición al coronavirus. El lado positivo es que los estudiantes forman parte de las comunidades hispana y chuj de Seymour y son caras conocidas que ayudarían a la gente a sentirse cómoda.

Métricas para el éxito

El hospital dice que vacunó a unas 400 personas en las clínicas de vacunación organizadas por el grupo de trabajo de salud de habla hispana. La clínica no pudo saber qué proporción de esas personas eran residentes de habla chuj, pero Daugherty dijo que el grupo de trabajo consideró que fue una gran participación.

Daugherty se apresura a señalar que muchos de los éxitos del grupo de trabajo no son fáciles de cuantificar.

"Creo que tenemos algunas métricas que realmente no se pueden medir con números", dijo Daugherty. "Y eso se reduce a la confianza."

El grupo de trabajo está evaluando ahora la necesidad de una clínica para el refuerzo contra la COVID-19, dijo.

La percepción del hospital se ha vuelto más positiva gracias a los esfuerzos del grupo de trabajo, dijo Vasquez. Más residentes recién llegados saben ahora que el hospital es un espacio seguro para los inmigrantes. Y ahora, espera, otros procedimientos rutinarios (como las mamografías o las revisiones anuales) no parecerán tan aterradores y desconocidos.

"Seymour es nuestra comunidad; es nuestro hogar", dijo Vasquez. "Así que ese es un punto común entre nosotros, aunque seamos de países diferentes."

Esta historia proviene de Side Effects Public Media, una iniciativa de noticias de salud pública con sede en WFYI. Siga a Carter en Twitter @carter_barrett.